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  • Regina

Ego vs. Yo Verdadero

“Hay una batalla dentro de todas las personas; dos lobos peleando a muerte todo el tiempo. Uno es malvado, lleno de ira, culpa, dolor y resentimiento. El otro es bueno, lleno de paz, humildad, compasión y fe. Ganará aquél que la persona alimente.” -Leyenda Cherokee

Los humanos somos seres demasiado complejos, lo que significa que no somos los mismos siempre. Cambiamos con el tiempo; cada situación en nuestras vidas nos impacta de manera que crecemos y evolucionamos. Somos multifacéticos, pues tenemos más de una identidad dependiendo de dónde nos encontremos. Me refiero a que no somos los mismos ni siquiera a lo largo de un mismo día, pues eres de una forma con tus padres, de otra con tu pareja y así sucesivamente. En el blog de la semana pasada hablamos de cómo cuando éramos pequeños fuimos creando nuestra personalidad. Adoptamos no solo las cosas que íbamos conociendo de nosotros mismos, sino también lo que nos decía nuestra familia que fuéramos y lo que la sociedad esperaba de nosotros.

Así también se fue creando nuestro ego, el cual es la parte que asociamos con la idea de “éste soy yo”. Nos ayuda a saber qué nos gusta, qué nos molesta y tener noción de nuestros deseos y necesidades. Sin embargo, al crecer fuimos adoptando las ideas de quiénes somos y nuestro ego se formó como este conjunto de pensamientos de quién deberíamos ser. Una imagen irreal conformada por constructos sociales.

Para explicarlo mejor, definamos a los pensamientos en general. Estos son un tipo de energía y hay dos tipos: los que hacemos conscientemente y los que viven en el subconsciente. Lo que el ego nos dice viene desde nuestro subconsciente, pues es este conjunto de ideas que tomamos de varios lados y que han dado vueltas en nuestra mente por muchos años. El ego necesita la aprobación de los demás, nos impulsa a compararnos con otros y siempre, siempre, quiere tener la razón. Te dará constantemente razones para que creas que no eres suficiente y te contará una historia de por qué no vale la pena tu esfuerzo. Puede parecer que como siempre está en tu cabeza, comiences a creer que eres tú el que se hace todo este auto-sabotaje, pero esto es completamente erróneo. Por eso nos referimos al ego como una tercera persona; no eres tú ni soy yo, es otra entidad.

“Sufrimos más seguido por la imaginación que por la realidad” -Séneca

Así es como comienza a trabajar nuestro “Yo superior” o, mejor dicho, tu “Yo verdadero”. El primer paso para bajarle el volumen al ruido mental que es el ego es no identificarse con lo que dice. No somos todo lo que nos dicen los pensamientos, ¡así que no te los creas! Pregúntate si eso que estás pensando es verdad y sé honesto contigo, ¿es completamente cierto que no lo voy a lograr, o que los demás son mejores que yo? El Yo verdadero es la parte más real y natural de tí. Habla desde lo más profundo de tu alma y también vive en el subconsciente, haciéndose escuchar por la intuición. El problema está en que al ego lo hemos escuchado una y otra vez, mientras que hemos callado y suprimido al Yo verdadero.

No te preocupes si te cuesta trabajo diferenciar entre los dos. Con herramientas como la meditación y ejercicios de respiración podrás poco a poco ir calmando el escándalo de tu mente. Intenta esta actividad: escribe en una hoja o en las notas de tu celular cada que te encuentres pensando algo negativo de tí por el transcurso de un día. Al final, lee todos de nuevo y pregúntate si de verdad crees que son verdad. Ayuda imaginar que alguien más te los está diciendo: si fuera un@ amig@, ¿qué le contestarías?

Recuerda que la clave es reconocer a ambas partes de nosotros y no juzgarlos de primera como positivo y negativo. Necesitamos a los dos para poder trascender, el ego nos ayuda a darnos cuenta de nuestros miedos, patrones y creencias, mientras que al escuchar al Yo Verdadero nos impulsa a evolucionar y ser mejores. Acéptalos y acéptate; ten compasión por ti mismo. Así, con práctica, podrás calmar esta lucha constante que llevas dentro y convertirte en tu propio aliado.


Keep spreading the light,

Regina de Glow Yoga

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